En esta sección vamos a mostrar, a modo de ejemplo ya que éstos son muchos más, dos rutas y senderos que se pueden recorrer teniendo estas tierras como eje: la Ruta del Valle y el GR-86 o Sendero Ibérico Soriano.

LA RUTA DEL VALLE

Transcribimos a continuación la Ruta del Valle elaborada por Susana Gómez para el Patronato de Turismo. Transcurre en buena parte por nuestras tierras.

"Dicen del Valle que es una tierra viva que cambia con cada estación. Aseguran que bien podría llamarse la Suiza Soriana. Cuentan que es hermoso, fresco, verde y húmedo como un paisaje irlandés, que en sus dehesas los robles son altos y anchos y que aguardan esplendores junto a las carreteras y los pueblos blancos. Dicen, cuentan, hablan… y aún podrían explicar mucho más si las palabras tuvieran precisión de tonos y humedades, luces suaves, caminos cálidos, un óvalo perfecto donde la aridez es sólo una palabra extraña y ajena.

Un monte de vegetación jugosa y heterogénea vigila El Valle. Es La Cebollera, un mundo de ciervos y bosque con el corazón abierto por una laguna glaciar, en el que los senderos se abren a crestas y travesías.

Desde allí, en los días despejados, se avecina el magnífico nudo de tres provincias. Soria se prolonga -vegetal y líquida- a un lado, La Rioja y Burgos descansan al otro.

Desde la capital, El Valle tiene dos entradas posibles. Una es la carretera de Burgos y otra la de Logroño. La primera ofrecerá un viaje entrañable por una comarcal de rebollares, praderas suaves y serranías que conducirá a Hinojosa y El Royo. La segunda, que hoy tomaremos, abrirá la puerta a la memoria.

A escasos kilómetros de Soria está Garray, al pie de Numancia. La cita trae Historia con mayúscula: arévacos asediados durante dos décadas y muertos de inanición y suicidio colectivo. Una guerra de cercos en el 133 a.C. Numantinos y romanos en El Cerro de la Muela. Basta un poco de imaginación para hacer resucitar a los guerreros de Retógenes y los soldados de Escipión. Dos casas, una celtíbera y otra romana, pretenden desde hace muy pocos años -ayer en este tiempo de siglos- ayudar en este ejercicio de reconstrucción. Regalan la excusa tridimensional para que los ojos de cincuenta mil visitantes anuales sean capaces de recomponer escenas de hace dos mil años. En la oferta se incluye la muralla levantada al fondo y el itinerario con explicaciones de paneles, el aula abierta en el pueblo, la necrópolis descubierta que arroja más luz sobre esta civilización animista... Imagine los campamentos, la atalaya, los elefantes con los que Roma quiso conquistar Numancia, la resistencia, el hambre, la autoinmolación antes que la entrega. Vuelva a imaginar, observe, tómeselo con calma. Es tiempo antiguo y no tiene prisa.

El último fin de semana de julio, y coincidiendo con las fiestas de la localidad de Garray, Numancia se levanta de nuevo. Los herederos de los pelendones sacan desde hace algunos años vestidos, lanzas, joyas y memoria, en una representación en la que celtíberos y romanos toman la historia para recordar, allí donde sus antepasados prefirieron arder que rendirse, la historia de una Resistencia en el Cerro de la Muela.
Tras este viaje al pasado, quizá quiera tomarse algo en Garray, darse un baño en el soto si es verano o probar una de las piraguas que alquilan. Coja el coche y, de nuevo carretera y guía, llegue hasta el indicador de La Rubia. A la izquierda, una casona del siglo XV le sorprenderá por su excelente conservación. Tiene tres torres, almena, escudo, un elefante de siete trompas, ventana ajimezada, iglesia, convento y una quesería en el antiguo monasterio que se nutre de la leche de churras ojaladas. Fíjese en las trompas enroscadas que se repiten en la parte posterior y los lados: la Casa Fuerte de San Gregorio dibujó símbolos que llaman a la recogida de alimentos. Desde allí, y antes de dar la vuelta para volver a la nacional, continúe por la comarcal hasta Matute de la Sierra, buena muestra de pueblo abandonado al que una cuidada reconstrucción en piedra devuelve vida y encantos.

Podrá acercarse hasta Almajano, si bien hasta allí llega también una carretera desde la capital, de la que dista catorce kilómetros. Como buen pueblo de agostadero de los ricos merineros, varias casas blasonadas del XVIII dibujan escudos en las fachadas de piedra. La gran espadaña de la iglesia quizá le regale los oídos con el tañido de sus cinco campanas cuando toma camino hacia la plaza Mayor. Allí, una Casa Fuerte amurallada viste almena, balcón corrido y puerta grande de sillería. Retenga el emblema familiar. Lo volverá a encontrar en Aldealseñor, donde la familia de los Salcedo también esculpió el sauce y los cinco corazones junto a las cadenas, los rombos y las flores de lis de los Río (quizá lo recuerde: son los mismos relieves que viera en el Palacio de ventana esquinada de la capital, hoy Archivo Histórico Provincial).

El porte de esta casa solariega sorprende más en cuanto que sus líneas suponen un contraste poderoso con la humilde horizontalidad de La Aldea. Dejémosla conversar con los cuatro vientos desde su gran torre del XII mientras recorremos con la vista y la historia un tiempo de revueltas entre navarros, aragoneses y castellanos, en el que la vigilancia distaba mucho de ser un elemento decorativo. Camine. Dé la vuelta al perímetro amurallado. Disfrute de la sillería y una solidez que hoy está siendo rehabilitada, escrute el perfil del palacio recortado sobre fondo azul, fíjese en los arcos carpaneles que se dirigen a la muralla... Y luego, desande el camino andado para regresar a la carretera que le llevará a hermosos escenarios de río y robledal como Espejo de Tera -rescatado del abandono hace años- o a una localidad de piedra y encantos que sirve de puerta entre El Valle y las Tierras Altas.

Almarza es pueblo de arquitectura recia y pasado ganadero, que ha dejado en herencia una iglesia del XVI y el palacio de los Montenegro. En él, hoy aula naturaleza de un colegio madrileño, teje Gloria del Válor el arte de Penélope y cuece artesas de tinte vegetal para darle color al lino, la seda o el esparto. Si es agosto y a primeros, quizá pueda comprar en la feria comarcal miel, embutidos o mantequilla. Si el día es seis y de enero, asistirá al intercambio del arca entre Almarza y San Andrés, donde se conservan los privilegios reales que aseguraban el uso de dehesas y montes comunales, y que sólo puede ser abierta ante las autoridades de ambas localidades (con una llave cada una).

Más allá, a a muy pocos kilómetros de Almarza, Gallinero ofrece uno de los pocos restos del gótico civil de la provincia, además de un camino de paisaje dulce que conduce a la acebeda de Garagüeta. La extensa mancha, una de las más importantes de Europa, conforma un laberinto abovedado del que hablaremos más tarde, cuando la vegetación se nos cuele de lleno en el encuentro con la naturaleza. También se nos vendrá a la boca el robledal de Santos Nuevos, una de las dos ermitas de Almarza, enclavada en un monte sólido y centenario.

De nuevo en la carretera general, el itinerario vuelve a obligarnos a desandar lo andado hasta llegar a la carretera de Tera, con casa solariega e iglesia góticas. Conduzca por la carretera que lleva al corazón del Valle. Vaya despacio. Disfrute. Está salpicado de aldeas blancas en las que ir parando. Inúndese los ojos de los robles de Rebollar, saborée el camino a Rollamienta, desvíese al balcón abierto sobre el valle del subyugante Villar del Ala. Más allá está Aldehuela del Rincón, con una dehesa de robledal y montes de infinitas gamas vegetales. Aparecerá en Sotillo. Quizá sea tiempo de sumergirse en la piscina natural que aprovecha las aguas del Razón. Hay miel de biércol y, como en varias localidades de la comarca, buen chorizo que poder comprar en el precioso caserío mezclado con las casas de los Indianos (si los vallejos hicieron las Américas también las Américas son responsables de buena parte de la fisonomía soriana, con hijos que emigraron y fundaron Sociedades Filantrópicas, financiaron carreteras, escuelas, frontones o alumbrado y regresaron para tachonar la arquitectura humilde de grandes edificaciones con sabor inconfundible).

Al desviarnos hacia Villar y la Aldehuela, hemos dejado atrás Valdeavellano de Tera. Basta con deshacer unos cuantos hilvanes de la carretera para dar con el pueblo de las cuatro fuentes -una por cada barrio-, que circundan las sierras Cebollera y Tabanera. Y una vez más, casas chicas y grandes pintadas de blanco sobre terreno bañado por el Razón y el Razoncillo, un encanto dulcísimo en las calles y las plazas de una localidad que cuenta con albergue de la Junta, la hermosura fresca que no abandona ni por un momento la magnífica esquina soriana... Desde él, una estrecha carretera flanqueada de bosque conduce a Molinos de Razón.

Hay quien asegura que no sólo es importante llegar a un lugar bello, sino que el camino que va hacia él también lo sea. Ambas premisas se cumplen con generosidad en la pequeña localidad, desde cuya ermita se obtendrán espectaculares retazos de valle y una fuente bautizada como La Losera dejará adivinar la piedra pizarrosa sobre la que se asienta la cercana Cebollera.

Damos la vuelta, que así es el viaje y el camino no lineal en el que nos hemos embarcado, por la carretera que nos conducirá, esta vez a Sotillo. Desde allí, el camino a El Royo será la prolongación de policromías arboladas, y aun podremos descansar en el kilómetro 17 (con parrillas y zona de baño), adentrarnos hasta la poza cristalina del Chorrón, caminar o pedalear hasta El Hayedo u optar por la Ermita de la Virgen del Castillo, donde el impresionante panorama de bosques y pantano esboza su fisonomía sin desperdicio.

Cabecera de la mancomunidad formada por Hinojosa de la Sierra, Langosto, Derroñadas y Vilviestre de los Nabos, El Royo recibe con casas de indianos, mansiones de sillería y casas de piedra. Si el reloj o el estómago le piden mesa, la oferta gastronómica es variada. Si no, dé un paseo por las calles y la plaza con cruz de piedra en el centro, posible recuerdo de un antiguo rollo medieval. La emigración ha dejado fuentes, colegios y altar de la Virgen memoria de sociedades filantrópicas que también aquí fundaran hijos de esta localidad y la cercana Derroñadas. Y una cita con las fiestas: cuna de dulzaineros, El Royo celebra el fin de semana después de la Virgen de Agosto un Certamen Nacional de Mantones de Manila y su verbena es famosa en toda la provincia.

De regreso a Soria para tomar la carretera que va a Burgos, enseguida encontrará Derroñadas, casi aneja a El Royo por los chalets que han ido pespunteando la carretera. Una torre en una colina le anunciará tras una curva el pueblo de Hinojosa de la Sierra, con palacio renacentista del XVI, restos de castillo y ribera del Duero con posibilidad de baño. La pequeña aldea, hoy casi deshabitada, se aferra a las muestras de un tiempo en el que era señorío de los Hurtado de Mendoza, y el esplendor le daba título de villa. Si hay suerte con la humedad, la laguna que se forma en el llano le saludará al pasar entretenida en dar alimento a las cigüeñas.

Ya en la carretera, cuando haya traspasado el puente sobre un Duero en el que flotan los nenúfares, dejará a un lado Oteruelos, al otro Pedraza, regresará con las últimas luces dorando el monte de Valonsadero. Llegará a Soria. Quizá le dé la bienvenida con un atardecer quemando el cielo. Si se ha enganchado a la comarca, sea bienvenido a una adicción nada peligrosa que cambiará -y sumará visiones- en la siguiente estación en la que el cuerpo y la entraña le pidan volver."

 
EL SENDERO IBÉRICO SORIANO (GR-86)

Los senderos de Gran Recorrido (GR) y de Pequeño Recorrido (PR) son una red de itinerarios peatonales señalizados, formados por la conexión de sendas, caminos, veredas, pistas, etc.

Los GR se desarrollan a lo largo de grandes trayectos de cientos e incluso miles de kilómetros, uniendo puntos distantes y recorriendo comarcas, regiones o paisajes muy lejanos entre sí.

Soria propone al viajero la posibilidad de conocer la intimidad intensa de una buena parte de su geografía: El Sistema Ibérico que por aquí se alza y las estribaciones del Central.

Es el GR-86, unas siglas concisas para designar más de 500 kilómetros de senderos, vías, caminos carreteros y de herradura, calzadas romanas, sendas, pistas… que articulan recursos paisajísticos, culturales, históricos y naturales desde Ágreda hasta Tiermes. Dividido en 36 etapas (22 principales y el resto derivaciones) el Sendero Ibérico Soriano atraviesa más de una cincuentena de pueblos, señalizando con pequeñas franjas blancas y rojas la atracción antigua, lenta y progresiva del viaje a pie. Así, y sin correr el riesgo de perderse por esta provincia derrochona en naturaleza intacta, el viajero-caminante podrá acceder a rincones inaccesibles de otro modo, en etapas que pueden ir desde media docena de kilómetros hasta poco más de la veintena. Basta con seguir la flecha para recorrer este sendero de gran recorrido que, hecho para salir y llegar siempre a una localidad, da la opción de dedicarle un mes, un día, o lo que las piernas quieran.

UTILIZACIÓN DEL SENDERO:

La señalización de senderos y caminos está realizada según la normativa internacional de señalización de senderos. Las marcas sobre el terreno consisten en dos franjas de color blanco y amarillo. Cuando son dos trazos rectos superpuestos uno encima del otro indica continuidad del sendero, en caminos evidentes sin ramificaciones se sitúan cada 200 m. aproximadamente. En el caso de caminos más difíciles de seguir desde la ubicación de una marca se divisa la siguiente; cuando se produce un cambio de dirección , unos metros antes del desvío, una marca en ángulo nos indica el sentido de giro según el desplazamiento a izquierda o derecha de la porción menor del trazado . Para reforzar las marcas anteriores se colocan aspas en los inicios de los caminos erróneos.

Además, existen una serie de señales indicativas de madera, ubicadas en los puntos numerados en mapas y perfiles y en otros enclaves en los que el cambio de tipo de camino y dirección es considerable. En las señales de dirección viene marcado el tiempo de marcha, a unos 4 km/hora, hasta las localidades contiguas.Los perfiles complementan la información de mapas y nos sirven de croquis para seguir el recorrido identificando rasgos del terreno como ríos, tipos de vegetación, construcciones, caminos con los que corta el recorrido, etc. Los puntos en letra mayúscula son los lugares con mayor interés del recorrido.

RECOMENDACIONES:

  • No hagas fuego, está estrictamente prohibido.
  • La basura que produzcas llévala hasta el próximo pueblo.
  • Evita molestar a los animales silvestres y al ganado.
  • Se prohibe la corta y arranque de todo tipo de vegetación.
  • Cierra todos los pasos de ganado por donde tuvieras que pasar.
  • Se prohibe la circulación rodada fuera de caminos o carreteras, salvo autorización expresa.
  • Para programar la excursión calcula una marcha normal de 3 a 4 Km/h.
  • Recuerda que está prohibida la acampada libre.

EL SENDERO EN NUESTRA ZONA:

Nos encontramos con la etapa Santa Cruz de Yanguas-Almarza, de 22,6 km. de longitud y con la etapa Almarza-Valdeavellano de Tera, de 12,6 km.

Además, existe otro sendero conocido como PR. SO-8 que parte de Espejo de Tera y pasa por Rebollar y Rollamienta.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 
 
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